« Penser le pouvoir, faire vivre la critique : autour de Didier Eribon » à la Sorbonne

Je participerai, le vendredi 5 juin, au colloque « Penser le pouvoir, faire vivre la critique : autour de Didier Eribon », organisé par Alexis Pierçon-Gnezda, qui aura lieu à la Sorbonne de 13h30 à 20h. J’y donnerai une conférence sur le thème « Forces des classes sociales ( sur le pouvoir, la politique et l’amour) « , lors d’une séance intitulée « S’inventer autrement » avec Sylvie Blocher et Sandra Laugier.   L’entrée est libre.

Adresse : Centre Panthéon-Sorbonne – Amphithéâtre III 12 place du Panthéon, Paris 5ème. CFhXSvAW0AAIShT       `

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Edition de poche de « En finir avec Eddy Bellegueule ». A paraître le 7 mai.

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L’édition de poche de « En finir avec Eddy Bellegueule » paraîtra le 7 mai 2015 aux éditions Points.

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Adaptation au théâtre de « En finir avec Eddy Bellegueule »

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L’adaptation au théâtre d’ « En finir avec Eddy Bellegueule », avec le comédien Micha Lescot, et dans une mise en scène de Richard Brunel, sera présentée à Valence les 29 et 30 mai 2015 à 20H30, ainsi que le 1er juin à 19h.

Il est possible de réserver des places sur le site de La Comédie de Valence, en cliquant ici.

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« Ecritures de la domination » à l’Université d’Uppsala / Lecture at Uppsala University

Lecture at Uppsala University on « Eddy Bellegueule », literature and domination, the 21st of April, at 6pm.

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A paraître : « En finir avec Eddy Bellegueule », édition japonaise

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« En finir avec Eddy Bellegueule » (  Tokyo Sogen, Japon )

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Presentazione : « Il caso Eddy Bellegueule » all’Università di Verona

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Desplazar las miradas

Entrevista con Emma Rodríguez / Lecturas sumergidas

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« Para acabar con « Eddy Bellegueule » es una novela que impacta por muchas cosas, pero, en mi opinión, sobre todo, porque nos habla de sectores de la población, de modos de vida, a los que se da la espalda, de los que la sociedad acomodada no quiere saber. ¿Hasta qué punto en esta novela fuiste consciente de estar dando voz a los marginados

Sí. Diría que mis libros son hijos de la ausencia. Cuando empecé a interesarme por los libros, a descubrir la literatura –bastante tarde ya que en mi familia no se leía, la lectura se consideraba un signo de pereza o de feminidad para un chico-, lo que me llamaba la atención era no encontrar el mundo de mi infancia, ese mundo de pobreza, de miseria extrema, incluso en los autores a los que más admiraba. Como mucho descubría libros que hablaban del mundo obrero, pero ése no era el mundo de mi infancia: de pequeño mi madre decía que los obreros eran “burgueses”, ya que cobraban su salario todos los meses, mientras que mi familia sobrevivía gracias a las ayudas sociales. Éramos lo que Marx denominó el lumpenproletariado. Albergábamos mucho resentimiento contra los obreros. Por ello, en efecto, he querido dar voz a ese mundo invisible hecho invisible. Cuando hablo de “dar la palabra”, creo que “palabra” es algo importante. En Acabar con Eddy Bellegueule he plasmado el lenguaje de ese mundo, el mundo de mi infancia, en el corazón de la escritura del libro, he intentado encontrar una construcción literaria que diese a entender ese leguaje. Porque un mundo siempre es un lenguaje. Las expresiones, los dialectos, las construcciones revelan el inconsciente y las maneras de pensar de un mundo. Darle visibilidad significaba darle voz.

La violencia es el gran tema de la novela. ¿Vivimos en sociedades especialmente violentas? ¿Crees que la desigualdad, que se acrecienta con la reciente crisis, fomenta aún más la violencia?

Acabar con Eddy Bellegueule describe en efecto un pequeño pueblo del Norte de Francia, aislado, excluido, caracterizado por su extrema pobreza, sobre todo tras los cierres de las fábricas de los pueblos de alrededor, en las que trabajaba casi todo el mundo. Y no digo que la fábrica fuese lo mejor. Cuando veo el efecto de la fábrica en los cuerpos, el sufrimiento, la fatiga, no puedo dejar de alegrarme cuando una cierra. Pienso que es un trabajo que no debería existir. Lo que es terrible tras el cierre de una fábrica no es el cierre en sí, sino la miseria que le sigue, ya que la sociedad no ayuda lo suficiente a las personas que pierden su trabajo. Pero, como lo describo en mi libro, es cierto que esa exclusión tan fuerte que sufría el mundo de mi infancia, mi familia, mi madre, producía ella misma una gran violencia, que en el libro alcanza a todos aquellos considerados “diferentes”: a Eddy Bellegueule, pero  también a las mujeres, los inmigrantes que se ven en la televisión, etc. Es un principio básico que encontramos en Bourdieu, Freud o Marcuse, el principio de conservación de la violencia: cuando uno es víctima de la violencia sin cesar, y sin cesar es reproducida, como en el caso de las clases más pobres, uno termina por reproducir esa violencia sobre los demás, a otro nivel, sobre las mujeres, los homosexuales, etc. Mi libro es la Historia de esa violencia.

Mientras leía la novela, confieso que en varias ocasiones, me paré a pensar en la época en la que se situaba la acción. Me parecía que tenía que ser el pasado, que no podía pasar eso en la Francia actual… Sin embargo, ahí está el racismo creciente en Francia, en Europa… El odio a los emigrantes, a los que son diferentes. ¿Puede la literatura ayudarnos a entender mejor el mundo en el que vivimos, se puede convertir en un toque de atención, llegar a tocar las conciencias de un modo que no consiguen las noticias?

Tenemos siempre la impresión de que esa violencia no existe porque es invisible, subterránea. O porque las personas no la sienten directamente. Cuando, en el libro, mi hermano deja la escuela a los 15 años, no dice que es consecuencia de una situación de violencia, de un desajuste entre las clases populares y la escuela, dice que es su elección. Yo creo que la literatura puede y debe tener el poder de desplazar las miradas, de renovar las percepciones. Antes de que Simone de Beauvoir escribiese sus novelas y El Segundo Sexo, no se veía tanto la violencia ejercida sobre las mujeres. Porque era invisible, estaba encubierta. Como Beauvoir, he intentado servirme de la literatura para enunciar y por lo tanto denunciar esa violencia.

¿Qué es la literatura para ti? ¿A qué autores admiras? ¿Cuáles te han ayudado a encontrar tu propia voz?

Para mí la literatura es ese desplazar de las miradas. Es proponer otras maneras de ver, de rechazar hacer un pleonasmo con el mundo. Y a partir de ese desplazamiento, del saber que aporta, creo que la literatura puede enseñarnos a sufrir. Creo que el sufrimiento es un aprendizaje necesario. Es lo que he intentado mostrar con Acabar con Eddy Bellegueule. De pequeño, y de hecho también ahora, oía cosas como “Ése, no es muy inteligente, pero posee una gran sensibilidad”. Sin embargo, ¿no es el sufrimiento una manera de saber? Si uno se cruza por la calle con una persona, por ejemplo, de origen argelino, o, no sé, por poner otro ejemplo, con un transexual o un negro, se dirá: es un transexual. Es una persona negra. Es el hijo de un argelino, o es un argelino. Y mirará para otro lado, y pensará en otra cosa. Pero si uno piensa, se pone a investigar, a través del saber, la historia de los argelinos y de la inmigración, la Historia de la colonización, de los negros, de la esclavitud, la segregación, los repetidos ataques racistas, la exclusión, todavía hoy, la historia de la homofobia, todas las vidas que ha destruido, entonces podrá percibir el sufrimiento que no habría podido ver sin el conocimiento. No digo que no sufrimos o sentimos afectos sin el conocimiento, pero éste nos permite colocarlo en el nivel de exigencia más alto, siendo inviable la oposición entre el pensamiento y los afectos. Y es a partir de ese sufrimiento y de la intolerancia que representa que podremos revelarnos. Y escribir, por ejemplo. En Acabar con Eddy Bellegueule intento comprender la vida de mi familia, y de este modo me doy cuenta de que su vida ha sido una vida muy dura. Aprendo a sufrir, y a partir de ahí puedo querer transformar la realidad.

¿Crees que tu novela puede estar ayudando a otras personas que han sufrido humillaciones similares por su condición sexual?

Eso espero, sí. Por las razones que acabo de explicar.

¿Ha cambiado esta novela tu vida? ¿En qué sentido? ¿Escribirla ha sido una especie de terapia, una venganza quizás?

Mi libro ha sido lo contrario a una venganza. Es un intento de comprender. Existen grandes libros sobre la venganza, como De profundis de Oscar Wilde o algunos libros de Thomas Bernhard. Pero no es el caso de mi libro. Intento ser justo al intentar comprender mi infancia, lo que por supuesto también significa hablar de su violencia, su racismo; pero como ya he dicho todo esto no es propio de los individuos, sino de las situaciones que los producen. Y por lo tanto, la venganza sería inútil.

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¿Por qué crees que ha llegado tanto a la gente?

Al contar la infancia de Eddy Bellegueule, al esbozar la situación de su pueblo, de las personas que lo rodean, he querido mostrar en primer lugar la experiencia de la dominación. La violencia y la humillación que atraviesan nuestras vidas y nos constituyen, que son los cimientos más o menos invisibles de nuestra existencia. Eres marica, mujer, judío, árabe, provinciano… ¿Quién no ha vivido esto? No me gusta mucho el concepto de universal, pero si hay algo que se le aproxima es la dominación. El hecho de ser mujer, homosexual, judío, inmigrante, de venir de las clases populares, de llegar de provincias a París… en algún momento de su vida, todo el mundo, o casi, es insultado o infravalorado. Y me parece que es ahí donde se han visto reflejados un cierto número de lectores, hartos de la definición dominante de la literatura, ésa que nada dice, que es un pasatiempo de la burguesía para la burguesía y que no plantea ningún problema existencial.

¿Tuviste problemas para publicar la novela? ¿Cómo fue el proceso, enviaste el manuscrito a una, a varias editoriales…? 

Envié el libro a varios editores, simplemente por correo, no conocía a nadie. Le Seuil me llamó al día siguiente. Fue un sueño para mí, lloré claro. Había leído en algún sitio que fue lo que le pasó a Thomas Bernhard con Frost (Helada), su primera novela, y debo admitir que estaba un poco celoso.

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